Corea del Norte y Uzbekistán: ¿estadísticas espurias o logros verdaderos?

The Economist acaba de publicar un artículo que comenta el reciente estudio de la organización Save the Children en el que cuestiona uno de sus hallazgos. Específicamente, se muestra escéptico ante los resultados de mejoría en la nutrición infantil de ciertos países asiáticos.

“According to the charity, half of the six most successful countries are in Central Asia. This finding is—how can one put it politely?—counter-intuitive…

Number one on the list is Uzbekistan, a vicious dictatorship which imprisons political opponents and has been the site of mass killings. Number three, Turkmenistan, had for many years one of the world’s stranger dictators who renamed the days of the week after himself and members of his family. Most development institutions have given up on this miserable duo and social indicators must be treated with a certain scepticism…

The sixth most successful country on the list is, according to Save the Children, North Korea, where children are doubtless stuffed full of sweets and other good things as they march off singing to the gulags.”

Si bien los argumentos de The Economist son sólidos, aunque un poco burlones, esto no necesariamente significa que todo el estudio de Save the Children esté mal. De hecho, los datos y fuentes utilizados por éste último son considerados confiables y ampliamente citados por muchas otras organizaciones e investigadores del desarrollo. Lo más probable es que, en los casos particulares de estos países asiáticos, las fuentes mismas no sean de fiar y esto ocasione que sus calificaciones y estadísticas sean falsas.

¿Qué se puede hacer al respecto para mejorar estos indicadores? Desafortunadamente no mucho. Uzbekistán, Turkmenistán y, especialmente, Corea del Norte, no son propensos a la apertura y transparencia (ni se diga al escrutinio internacional). La información que fluye de estos países hacia el exterior es, en el mejor de los casos, fuertemente sesgada y monitoreada por sus gobiernos y, en el peor de los casos, inexistente. Los estudios de este tipo, con todas las limitantes que tienen, deben seguir monitoreando, evaluando y publicando sus resultados. Los países menos transparentes, y más propensos a publicar estadísticas falsas, no pueden esconder sus fracasos por mucho tiempo.

Fuente: The Economist con datos de Save the Children.

¿Comer más frutas ayuda a bajar de peso?

Evidencia de un estudio reciente de la Corporación RAND parece indicar que no es así.

“Still, eating extra fruit adds more in total calories than it displaces in calories you would have otherwise consumed through junk food.

For example, on average, eating one additional serving of fruit reduces about 16 calories from junk food, but it adds 70 calories to your daily total. Therefore, eating less junk food appears more important for reducing obesity than eating more fruit and veggies.”

Adicionalmente, tener más restaurantes de comida rápida y tiendas de conveniencia (“tienditas de la esquina”) no parece indicar una menor calidad en la dieta de los niños y adolescentes.

“A recent RAND study showed that the number of supermarkets, fast-food restaurants, and convenience stores near children’s and teens’ homes and schools was not closely related to diet quality or Body Mass Index (BMI).”

Vean más acá y acá.

Tus padres estaban equivocados. No comas más frutas, sólo trata de comer menos. Fuente: fruitsinfo.com

IMSS: ni siquiera me molesto en ir

Tras años de calmantes y la gastritis crónica provocado por éstos, la solución propuesta (entre burlas e insultos) por nuestro sistema de salud socializado a la artritis reumatoide de mi madre es la terapia psicológica. Tras protestar, el director reconoció la existencia de la condición y la necesidad de tratamiento.

No es mi único familiar que vive eso, ni la única vez que lo ha vivido. De hecho, dudo que haya uno solo que no lo haya vivido cada vez que va al IMSS. Sólo protestando agresivamente o con regalos uno obtiene tratamiento. Cuando las cosas se agravan, tenemos que pagar de nuevo en el sector privado lo que ya se pagó vía contribuciones a la seguridad social en el sistema público.  Una lástima por los más pobres, por quienes en “solidaridad” existe el sistema, que obligatoriamente aportan y no tienen otra opción para recibir atención médica.

Las colas, la espera de meses para citas, la falta de medicinas y que el buen trato sea la excepción y no la regla hacen que sencillamente ni me moleste en ir.

Albert Esplugas: Capitalismo y salud pública

A pesar de que a muchos imaginan a Estados Unidos es el paraíso capitalista, este país está muy lejos de serlo. Uno de los sectores en los cuales se combina lo peor del mundo en cuanto a mercados e intervención estatal es el de la salud. Y por supuesto, sus resultados son pésimos. Por eso tanto ruido con la reforma de Obama, y por eso también el descontento con la forma que finalmente adoptó.

¿Cuál es entonces un verdadero sistema capitalista de provisión de salud a una sociedad? Este no existe, pero más que Estados Unidos, deberíamos fiajrnos en Suiza y Singapur, como nos relata Alber Esplugas en su artículo de Libertad Digital.

En Suiza el gobierno solo financia un 25% de los costes sanitarios (en Estados Unidos el gobierno paga casi el 50%). El gasto total en sanidad es similar al de los países con sistemas públicos. Los individuos están obligados a comprar seguro médico privado, que por ley incluye una cobertura básica. Las compañías compiten en precio y servicios, y muchos suizos se decantan por pólizas baratas con deducibles altos. El Estado subsidia a los más pobres (nadie paga más de un 10% de su renta por el seguro), y más de un tercio de la población contrata pólizas suplementarias. No hay listas de espera y los pacientes pueden elegir libremente el proveedor sanitario.

En Singapur el gasto total en sanidad es la mitad que el de España, y sus indicadores de salud son excelentes. Dos tercios de la financiación son privados. Los singapurenses disponen de cuentas de ahorro sanitarias individuales, financiadas con aportaciones obligatorias, a las que recurren para gastar cuando enferman. El Estado subsidia servicios básicos y paga la sanidad a las familias con menos recursos. Hay libertad de elección de proveedor y no existe lista de espera.